- ¿Por qué la cara?
- ¿Por qué la pregunta?
- No lo sé, tienes cara de estar derrotada.
- No he dormido en meses.
- Sí, eso siempre. Pero esta vez tienes una particular cara de estar acabada.
- Me sorprende la gente.
- ¿Aún?
- Sí, cuando pienso que las cosas van normales, siempre aparece algo que me desconcierta.
- ¿Cuantas veces has de perder tu reino para entender que traidores y mentirosos hay en todas partes?
- Pues yo miento, pero no traiciono.
- Tú mientes con un fin.
- Claro, mi beneficio.
- Como todos, pero tu fin es más noble. A veces mientes sin que el beneficio sea para ti.
- …me pierdo y me gusta!
- Vamos, sabemos que eso está mal.
- (...)
-¿Que harás ahora?
- Y... nada, que las cosas tomen su curso normal.
- ¿Y si no es el curso que tú quieres?
- ¿Qué más puedo hacer?
- ¿Fumar?
- Buena idea, pero solo queda uno.
- Y somos dos en esta habitación.
- Sí, claro, como sea.
- Te aconsejo que no metas tu sabia lengua en el asunto.
- Pues creo que es lo que haré.
- Después de todo, las cosas caen por su propio peso.
- Y vale, siempre lo hace.
- Apresúrate en asegurar eso que tienes entre manos.
- Sí, lo quiero.
- ¿Era retórica?
- No, es la verdad.
- ¿Escribirás de nuevo?
- No hace falta, la idiotez es más fuerte y seguirá leyendo cada cosa que escriba.
- ¿Espada y pared?
- Claro. Si llama, alego por estar pendiente de esto. Si no, sabré que no lo hará por no querer aceptar que lo hace.
- ¿Crees que aún--
- No me importa. Ni siquiera quiero saber si es así.
- Bueno, pues ve luego, ya no aguanto más.
- Así será.
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